Wiga: tecnología al servicio de la agricultura


Puede decirse que la consigna de Wiga es hacer más con menos, y hacerlo mejor. Esta compañía colombiana mejora la calidad de vida en el campo gracias a sus soluciones de agricultura de precisión.

Inicio Sostenibilidad Wiga: tecnología al servicio de la agricultura Publicado el: 14 de abril de 2021

Puede decirse que la consigna de Wiga es hacer más con menos, y hacerlo mejor. Esta compañía colombiana mejora la calidad de vida en el campo gracias a sus soluciones de agricultura de precisión.

Por su capacidad de ser un catalizador tanto de prosperidad como de cambio climático, la agricultura es una pieza central en el desarrollo sostenible mundial y, por ende, una de las prioridades para garantizar un futuro de bienestar. La compañía antioqueña Wiga busca consolidar a la agroindustria colombiana y los sectores que la rodean —cadena de frío y transporte, por ejemplo— como una potencia sostenible internacional.

Una cara de la moneda: la agricultura aporta al cierre de brechas sociales y genera un crecimiento económico dos veces más eficaz en la reducción de la pobreza que el de otros sectores, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En la otra cara: algunas de sus prácticas —como los monocultivos y la extensión de la frontera agrícola para deforestación— ponen en jaque al medioambiente al punto de degradar la tercera parte de sus terrenos, según la misma institución.

¿Cómo convertir el bienestar en protagonista del escenario rural colombiano? La tecnología, la estabilidad económica de los agricultores y el uso responsable de los recursos están en el corazón de la respuesta.

“La gran amenaza de la agricultura, no solo en Colombia sino en el mundo, es el agua. Nosotros trabajamos con Internet de las cosas en la agricultura de precisión, que es aprovechar el uso de los recursos: con menos agua, fertilizantes y tierra buscamos maximizar la productividad de nuestros clientes. En la medida en la que se le da a cada planta de manera precisa lo que necesita, se obtiene un mejor producto y un ahorro gigante en costos e insumos”, explica Mauricio Marroquín, gerente general de Wiga.

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Por medio de sensores, Wiga monitorea variables físicas —la temperatura, la humedad, la radiación, el oxígeno y la luz— para tomar decisiones más acertadas. “Tenemos, por ejemplo, estaciones meteorológicas con las que gestionamos el riesgo de heladas en la Sabana de Bogotá; entonces nos anticipamos y generamos alertas para que los cultivos puedan tomar las medidas pertinentes y evitar la pérdida de material orgánico”, comenta Hugo Arrublá, director comercial de Wiga.

En un gremio como el floricultor, en el que las cosechas deben entregarse sin ningún tipo de retraso para no correr el riesgo de perderse totalmente, tener conocimiento sobre posibles afectaciones es un asunto de sobrevivir o no en el mercado.

“Para una fiesta internacional como San Valentín tienes que entregar las flores en las horas y las fechas específicas porque no sirven las flores antes o después. Los agricultores hacen proyecciones de cosechas y cumplirlas depende de factores climáticos que son difíciles de controlar. Nosotros medimos esas variables, las procesamos y la correlacionamos en modelos matemáticos, estadísticos, agronómicos y climatológicos para entregar información útil”, agrega Arrublá.

Su apuesta tecnológica, además, tiene en cuenta la realidad nacional y los retos de cobertura que vienen con ella:

“Distribuimos sensores en muchas hectáreas para capturar información y transportar en tiempo real esas señales en una red de radiofrecuencia, que funciona para cultivos de zonas en las que el internet aún es limitado, hasta un punto donde haya conexión Wi-Fi para mandarlo a la nube, a una plataforma donde se almacena esa información, se estructuran bases de datos, se analizan con inteligencia artificial o machine learning y se generan reportes a los que se puede acceder desde el celular”, dice Marroquín.

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Wiga, que nació en 2012 como el monitoreo de un cultivo hidropónico de tomate en un patio casero, cuenta con cinco unidades estratégicas:

  1. Wipest: “busca mejorar el manejo del proceso fitosanitario y ayudar a bajar el costo de pesticidas, para tener menos plagas gastando menos”, explica Luis Felipe Díaz, socio fundador de Wiga y actual director de Investigación, desarrollo e innovación.
  2. Wigrow: un sistema automatizado de riego que optimiza el recurso hídrico, los agroquímicos y mantiene una alta productividad.
  3. Wicold: “con la cosecha de los productos no ha terminado el trabajo, hay que llevarlos en buenas condiciones al cliente final. Para eso, debemos garantizar que en toda la logística se haga un correcto mantenimiento de la cadena de frío”, agrega.
  4. Wifarm: mejorar las estimaciones de los ciclos productivos de acuerdo a las variables fundamentales de su producción, para aprovecharlas mejor.
  5. WigaIOT: entender y solucionar las necesidades puntuales de cada cliente a través de un equipo de investigación y desarrollo interdisciplinar.

Los beneficios de este modelo empresarial incluyen: estimar bien las cosechas y la producción, disminuir el uso de agroquímicos, optimizar la nutrición del sustrato, reducir el consumo de agua, facilitar las labores en el campo y simplificar la operación en términos operativos.

Erika Lothes, trabajadora de la vicepresidencia ejecutiva de producción de Gestiones y Representaciones Chía también da cuenta del valor agregado de Wiga: “Para nosotros, lo más importante ha sido obtener información confiable y de calidad en tiempo real para tomar decisiones oportunas e informadas. Por ejemplo, gracias a los datos de las estaciones meteorológicas hemos creado y refinado modelos de trabajo para gestionar los riesgos de la temporada de heladas, que coincide con nuestras fechas más importantes: San Valentín y el Día de la Madre”, asegura.

“Al hacer todo esto simultáneamente, tenemos menos costos operativos, menos uso de recursos, menos desechos y aumentamos las ganancias del agricultor”, concluye Díaz.

Wiga ha logrado convertirse en una catapulta para los productores agrícolas colombianos, una población que ronda los 2.7 millones, según los datos más recientes del Dane. Así, logra impactar la triple hélice que pavimenta de ilusión la posibilidad de un mejor mañana: economía, sociedad y medioambiente, amparados y protegidos bajo una iniciativa del sector privado.